El universo visual de Nicolás Fornasari se inscribe en la herencia del grabado, donde el blanco y negro no es solo una elección estética, sino un lenguaje que evoca intensidad y desasosiego.
A través de la tinta, su obra habita el límite entre lo figurativo y lo onírico, construyendo escenas que condensan una sensación de aislamiento y fragilidad. Sus rostros fragmentados, cuerpos suspendidos en paisajes inciertos y la densidad de sus trazos revelan una sensibilidad que atraviesa lo humano y lo espectral.
Fornasari nos enfrenta con la soledad, pero también con la belleza de lo inacabado, de lo que se descompone y persiste en la memoria.
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